No caí que ayer era el día del espectador y pensé que estaría más tranquilo viendo una película de co-producción finlandesa, alemana y francesa. Y aún yendo en contra de mi propia comodidad (me gusta ir al cine solo y procurar que nadie a mi alrededor “comente la jugada”…”vas a ver, ahora aparece muerta…”), me encontré con una sala casi repleta, y encima, eso, para ver una peli menos comercial, lo cual me satisfizo sobremanera. El Cine sigue vivo.
La peli en cuestión es “Le Havre”. Esta comedia dramática del director finlandés Aki Kaurismäki, que venía avalada por una buena crítica y por su presencia exitosa en el pasado Festival de Cannes, me sorprendió gratamente. Es una bonita historia de generosidad y solidaridad. En una sencilla producción, cuenta como un entrado en años limpiabotas, que a pesar de su humilde condición y de tener a su esposa enferma, se propone ayudar a un adolescente inmigrante africano, que, en la búsqueda de su madre, llega en un contenedor a la ciudad francesa de Le Havre, que da título a la peli, y que en sus barrios transcurre la trama. Diálogos directos (algunos diálogos surrealistas “adornan” algunas escenas), un humor delicado, fino, y unos personajes pintorescos (el enigmático comisario o la pasadita estrella de rock), acompañan al viejo protagonista en su empeño. El tema de la inmigración por supuesto aparece pero sin aspavientos políticos, centrándose en la historia de amor de la veterana pareja y la solidaridad de todos los vecinos con el limpiabotas.